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Cómo funciona una depuradora de aguas residuales

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Viernes, 29 Agosto 2025 08:30 Escrito por

El tratamiento de aguas residuales es un proceso fundamental para proteger el medioambiente y garantizar la salud pública.

Cada día, millones de litros de agua procedentes de hogares, industrias y ciudades llegan a las depuradoras con restos de contaminantes que no pueden verterse directamente a ríos, mares o acuíferos sin un tratamiento previo.

Las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) se encargan de limpiar estas aguas, eliminando sólidos, materia orgánica y agentes químicos que ponen en riesgo los ecosistemas.

Entender cómo funciona una depuradora nos permite valorar la importancia de este proceso y el papel que desempeña en la gestión sostenible de los recursos hídricos. A través de diferentes fases —desde el pretratamiento físico hasta los procesos biológicos y químicos—, el agua puede reincorporarse al ciclo natural en condiciones seguras.

En este artículo veremos, paso a paso, cuáles son esas etapas y por qué resultan esenciales para cuidar nuestro entorno.

Índice:

 

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¿Qué es una depuradora de aguas residuales?

Una depuradora de aguas residuales, también conocida como estación depuradora de aguas residuales (EDAR), es una instalación diseñada para eliminar los contaminantes presentes en el agua antes de devolverla al medio natural o reutilizarla.

Su función principal es garantizar que las aguas usadas no representen un riesgo para la salud pública ni para los ecosistemas.

En este tipo de plantas se tratan principalmente dos clases de aguas: las aguas urbanas, que proceden de hogares, comercios y pequeñas actividades económicas; y las aguas industriales, generadas en procesos productivos y que suelen contener una mayor carga contaminante. En algunos casos, ambas corrientes se gestionan de manera conjunta, mientras que en otros se aplican tratamientos específicos en función de la composición del agua.

El objetivo de una depuradora no es solo limpiar el agua hasta alcanzar los niveles de calidad exigidos por la normativa, sino también proteger el medioambiente, reducir riesgos sanitarios y favorecer la reutilización de un recurso cada vez más escaso.

Gracias a estos procesos, es posible reincorporar el agua al ciclo natural en condiciones seguras y contribuir a una gestión más sostenible de los recursos hídricos.

 

Fases del proceso de depuración

El funcionamiento de una depuradora de aguas residuales se organiza en diferentes etapas sucesivas que permiten eliminar progresivamente los contaminantes presentes en el agua.

Cada fase está diseñada para actuar sobre un tipo específico de residuo, combinando procesos físicos, químicos y biológicos hasta conseguir que el agua alcance los niveles de calidad exigidos por la normativa.

De forma general, el proceso se inicia con un pretratamiento que retira los residuos más grandes y visibles, continúa con un tratamiento primario para eliminar sólidos en suspensión, sigue con un tratamiento secundario en el que intervienen microorganismos que degradan la materia orgánica y, en algunos casos, finaliza con un tratamiento terciario que afina aún más la calidad del agua para usos específicos o su vertido en entornos sensibles.

A continuación, veremos en detalle cada una de estas fases para comprender cómo, paso a paso, una depuradora transforma el agua residual en un recurso seguro y apto para su devolución al medio natural o su reutilización.

Pretratamiento

El pretratamiento es la primera fase en una depuradora de aguas residuales y su objetivo es eliminar los residuos más grandes y visibles que llegan junto con el agua. Esta etapa es fundamental, ya que evita obstrucciones y daños en los equipos que se utilizan en las fases posteriores del proceso.

Para conseguirlo, se emplean diferentes sistemas:

  • Rejas o tamices: retienen sólidos gruesos como plásticos, ramas, trapos o cualquier otro objeto de gran tamaño arrastrado por las aguas residuales.
  • Desarenado: consiste en retirar arenas, gravas y pequeñas partículas minerales que, de no ser eliminadas, podrían erosionar o dañar las instalaciones.
  • Desengrasado: se utiliza para separar aceites y grasas flotantes que dificultan el tratamiento posterior y pueden generar problemas en los reactores biológicos.

Gracias a estas operaciones preliminares, el agua llega a las siguientes fases de depuración en mejores condiciones, lo que mejora la eficiencia y seguridad de todo el proceso.

 

Tratamiento primario

El tratamiento primario se centra en la eliminación de los sólidos en suspensión y materiales que, aunque de menor tamaño que los retirados en el pretratamiento, todavía permanecen en el agua. En esta etapa se emplean procesos físicos sencillos que permiten reducir la carga contaminante de forma significativa antes de pasar a fases más complejas.

La operación principal de este proceso es la decantación de sólidos sedimentables. El agua residual se introduce en grandes depósitos llamados decantadores, donde se reduce la velocidad de flujo para que las partículas más pesadas se depositen en el fondo formando lodos. Al mismo tiempo, algunos materiales más ligeros, como aceites o espumas, flotan en la superficie y pueden retirarse fácilmente.

De este modo, mediante la separación física de materiales, se consigue reducir hasta un 50% de los sólidos en suspensión y alrededor de un 30% de la materia orgánica. El resultado es un agua parcialmente clarificada que puede avanzar a la siguiente fase de tratamiento con una menor carga de contaminantes.

 

Tratamiento secundario

El tratamiento secundario es una de las fases más importantes en una depuradora de aguas residuales, ya que se encarga de eliminar la mayor parte de la materia orgánica disuelta en el agua. A diferencia de las etapas anteriores, aquí entran en juego procesos biológicos que reproducen, de manera controlada, fenómenos naturales de autodepuración.

En esta fase se utilizan microorganismos, principalmente bacterias, que se alimentan de la materia orgánica presente en el agua y la transforman en compuestos más simples y estables. Para favorecer esta actividad biológica, el agua se introduce en reactores donde se aplican sistemas de aireación que aportan oxígeno, condición indispensable para el correcto funcionamiento de los microorganismos.

El resultado de este proceso es una reducción muy significativa de la carga contaminante, dejando un agua mucho más limpia y apta para pasar a la fase final de tratamiento o, en algunos casos, directamente al vertido en condiciones seguras.

 

Tratamiento terciario (opcional)

El tratamiento terciario, también llamado afinamiento, es una fase opcional que se aplica cuando se requiere que el agua tratada alcance un nivel de calidad superior. Este paso es fundamental si el agua va a reutilizarse para riego, usos industriales o si el vertido se realiza en entornos especialmente sensibles desde el punto de vista ambiental.

En esta etapa se emplean técnicas avanzadas como el filtrado, que elimina las partículas más finas que aún permanecen en suspensión. A continuación, el agua se somete a un proceso de desinfección que puede llevarse a cabo mediante rayos ultravioleta (UV), cloro o ozono, garantizando la eliminación de microorganismos patógenos.

Gracias a este tratamiento adicional, el agua depurada cumple con los estándares más exigentes de calidad, lo que permite su reutilización segura o su vertido en el medio natural sin riesgo para la salud ni para los ecosistemas.

 

Operario con casco y chaleco reflectante se asoma a un tanque de agua en una depuradora de aguas residuales

 

¿Qué sucede con los lodos generados?

Durante la depuración del agua, los contaminantes retirados se concentran en forma de lodos. Estos residuos contienen sólidos sedimentados y biomasa de los procesos biológicos, por lo que requieren un tratamiento específico para evitar impactos ambientales y sanitarios.

El tratamiento de los lodos suele desarrollarse en varias etapas:

  1. Espesamiento: reducción del contenido de agua para facilitar su manejo.
  2. Estabilización: digestión aerobia o anaerobia que disminuye la materia orgánica y elimina patógenos.
  3. Deshidratado: procesos mecánicos que reducen el volumen del lodo.
  4. Destino final: incineración, disposición en vertederos controlados o valorización.

Una vez tratados, los lodos pueden convertirse en recursos aprovechables. Entre sus usos más comunes destacan:

  • Fertilizante agrícola: cuando cumplen con los requisitos sanitarios, aportan nutrientes al suelo.
  • Producción de biogás: mediante digestión anaerobia, generando energía renovable.
  • Recuperación de materiales: en algunos casos, se aprovechan componentes minerales para otros procesos industriales.

De esta manera, los lodos dejan de ser únicamente un residuo para convertirse en un recurso útil dentro de un modelo de economía circular.

 

Importancia del tratamiento de aguas residuales

El tratamiento de las aguas residuales es esencial para proteger tanto al medioambiente como a la salud de las personas. Sin un proceso adecuado de depuración, los contaminantes presentes en el agua podrían llegar directamente a ríos, mares o acuíferos, provocando graves problemas de contaminación y aumentando el riesgo de transmisión de enfermedades.

Desde un punto de vista medioambiental, las depuradoras reducen el impacto negativo sobre los ecosistemas acuáticos, evitando la eutrofización, la muerte de especies y la degradación de hábitats naturales.

En el ámbito sanitario, la eliminación de bacterias, virus y agentes químicos garantiza que el agua tratada pueda reincorporarse al ciclo natural sin suponer un peligro para la población.

Además, el tratamiento de aguas residuales asegura el cumplimiento de normativas europeas y nacionales. Entre las más destacadas se encuentran:

  • Directiva 91/271/CEE de la Unión Europea sobre el tratamiento de aguas residuales urbanas, que obliga a los Estados miembros a establecer sistemas adecuados de recogida y depuración.
  • Real Decreto 509/1996, que transpone dicha directiva a la legislación española, regulando los requisitos mínimos de depuración y calidad del agua vertida.
  • Directiva Marco del Agua 2000/60/CE, que establece un marco comunitario para la protección de las aguas superficiales y subterráneas.

El cumplimiento de estas normativas no solo protege el entorno y la salud de las personas, sino que también evita sanciones a los municipios e industrias que incumplan las exigencias legales en materia de gestión del agua.

 

Formación especializada para trabajar en una EDAR

El funcionamiento de una estación depuradora de aguas residuales requiere de profesionales cualificados capaces de gestionar procesos complejos que combinan conocimientos técnicos, medioambientales y de seguridad. La creciente necesidad de garantizar una correcta depuración y cumplir con las normativas europeas y nacionales ha incrementado la demanda de personal especializado en este ámbito.

Para dar respuesta a esta necesidad, la formación continua resulta clave. En Femxa ofrecemos una amplia selección de cursos gratuitos en el sector del agua y la energía, dirigidos a trabajadores y autónomos que desean actualizar sus competencias y mejorar su perfil profesional.

Si quieres conocer en detalle cómo opera una depuradora, te recomendamos el curso Funcionamiento de una EDAR, donde aprenderás de forma práctica las distintas fases del tratamiento de aguas residuales, la gestión de lodos y las medidas de seguridad asociadas. Esta formación te permitirá adquirir los conocimientos necesarios para trabajar en un sector clave para la sostenibilidad y la protección del medioambiente.

 

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